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Mostró qué tan grande es

La resurrección de “Zizou”

Nuevamente se convirtió en el verdugo de los brasileños

 
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Frankfurt, Alemania, 1 de julio (DPA).- Sobrevolaban el Waldstadión los duendes de la final de Francia ’98.
Como en aquella tarde parisina, liderando a su Brasil y a su Francia, respectivamente, Ronaldo enfrentaba a Zidane.
Era la segunda parte del duelo que, aquella vez, el brasileño sufrió hasta el desmayo y consagró al francés como nuevo rey del futbol mundial.
La reedición volvió a tener a “Zizou” como vencedor claro.
El partido contra España le devolvió sus, en apariencia, perdidas sensaciones de futbolista determinante y encaró los cuartos de final convencido de que, dentro suyo, el arte todavía tenía lugar.
A los 40 segundos apenas dio la muestra de que el partido lo tendría como protagonista ineludible. Cercano a la mitad de la cancha, ridiculizó a tres brasileños en una baldosa para posteriormente dejar parado a un cuarto con un amague y un quiebre “marca de la casa”.
A partir de ahí, el francés fantaseó con el balón como hacía mucho tiempo no lo hacía.
Con excepción de algunas jugadas resueltas erróneamente en los primeros minutos, todo lo que “Zizou construyó en el partido fue no sólo perfecto, sino que estuvo acompañado por la carga estética que se le demanda a los elegidos como él.
Ronaldo, en cambio, fue la primera víctima del sensacional trabajo que durante buena parte del partido hicieron los medios franceses sobre el sistema creativo de su equipo.
Totalmente aislado, recibió poco, y cuando lo hizo “Gallas, Thuram o Makelele se ocupaban de que su peligrosidad quedara reducida a pueriles amenazas”.
Incluso, se le vio corriendo detrás de Makelele, al que le cometió una falta desde atrás... El mundo al revés.
Para esa altura del encuentro, principios de la segunda etapa, al show del francés había que ponerle la puntilla en el resultado, que finalmente de eso se trata el asunto, de ganar. Lograrlo lo más brillantemente posible, pero ganar.
Así, la oportunidad llegó en el minuto 57. “Zizou” buscó el fondo de la defensa brasileña en un tiro libre sobre la izquierda para que Henry fusilara a Dida a placer.
Con el 1-0, el volante manejó tiempos y contraataques de manera excelsa, a los que sólo les faltó la concreción por parte de sus compañeros.
El amor propio del delantero no alcanzó.
El futbol premió la resurrección de Zidane: no quiere que se vaya.
El tiene el futuro claro: en su rejuvenecida mente está irse del futbol como merece.
Campeón mundial.


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