Editorial
     

LOS PLATOS ROTOS

El nido de Coapa está inmerso en una tormenta que tiene sus orígenes en otros tiempos y en otras instancias, alejadas, por cierto, de la responsabilidad de Víctor Aguado, quien ha sido sacrificado. Víctor ha demostrado en toda la crisis americanista poseer los tamaños y la calidad humana para asumirse como un soldado fiel, institucional, y mentalmente ubicado. Siempre será lamentable que un personaje de nuestro futbol que se ha preparado a conciencia para aspirar a una oportunidad tan importante como lo es el América, tenga que ver truncado su trabajo para proteger un proyecto que la institución requiere pero que no ha sabido consolidar.
La reflexión de la coyuntura americanista nos remonta a la época en que la anterior y la actual directiva americanista compartieron la idea de fundamentar su proyecto con Oscar Ruggeri al frente y con Zague en la dirección deportiva. Se recuerda con claridad que el plantel fue conformado a partir de los gustos y preferencias de miembros de la directiva americanista, cuya especialidad es en el ámbito de la administración y las finanzas. De aquel fracaso surgió la figura de Guillermo Cañedo asumiendo el mando y la responsabilidad. Nombró a Manuel Lapuente como responsable deportivo de la institución y el plantel a cargo de Mario Carrillo para completar el ciclo que quedó inconcluso tres años antes en el nido. El primer torneo terminó con una eliminación y con la evidente claudicación de inversiones como Djalminha, Amelli, Saja, y la marcha atrás en el exilio jarocho en que se había puesto al emblema americanista Cuauhtémoc Blanco.
El segundo torneo trajo a las vitrinas americanistas un título importante, logrado contundentemente y con la brillantez de otras épocas. El festejo se alargó a la presencia de Mario Carrillo en la Copa Confederaciones invitado por su presidente. Al regreso, sin embargo, surgieron los primeros síntomas de una fractura que poco a poco se fue acrecentando en la cúpula directiva. Se hizo público en el draft de Pachuca, el pleito entre Mario Carrillo y la mancuerna integrada por Lapuente y Pérez Gavilán, el encargado de las finanzas, pues se dice que Carrillo pretendía la contratación de Lozano en vez de Irenio, de Zepeda en vez del “Chaco”, y, a Cardozo, en vez de Navia. A partir de ese momento, la feria de las vanidades volvió al club América. Mario comenzó a actuar con egos y protagonismos que carcomieron la estructura diseñada para colaborar como equipo en el cuerpo técnico. Poco a poco se fue desmantelando el grupo integrado por Basagasteguy, Cantú, Aguado, De la Rosa, y hasta la comunicación con Lapuente se hizo complicada. El equipo pasó de una cadena de empates a encadenar una impresionante marca de partidos sin perder. Los resultados avalaban el trabajo de Carrillo, y obraban en contra del poder concentrado en Pérez Gavilán y Lapuente. Cuando el equipo cae en un bache que alcanzó seis derrotas en los últimos diez partidos de la época de Carrillo, incluyendo dolorosas eliminaciones en la Copa Sudamericana y una histórica remontada de Tigres como visitantes en el Azteca, la situación permitió que se cobraran viejas afrentas. A ello siguió la indisposición de Carrillo y la especulación sobre su estado de salud. A Guillermo Cañedo no le quedó otra más que intentar conservar y reencauzar el proyecto. En la crisis se mencionó sólidamente la intención de la directiva de contratar a Luis Fernando Tena, hoy triunfante con los Jaguares, sin embargo el manejo resultó desastroso pues se presentó como una desleal propuesta contraria a los intereses de otro socio afiliado. En la confusión, Víctor Aguado es empujado por la directiva americanista a asumir un cargo como respuesta congruente al proyecto de continuidad institucional. De ahí a las diademas y a encarar el desafío de conducir a un grupo mermado en lo físico, disminuido en su potencial ofensivo por las ausencias de figuras y con las exigencias de jugar como equipo protagonista, cuando su funcionamiento y acondicionamiento físico es de equipo chico. ¿Es Víctor Aguado el responsable único del mal paso del conjunto de Coapa? Si Manuel Lapuente tiene soluciones que ofrecer para mejorar al equipo, el tiempo nos lo dirá, pues asumimos que a Víctor no se las comunicó. Y, ahora, si el equipo no levanta, ¿los platos rotos los deberán pagar Manuel Lapuente y Pérez Gavilán?